Un joven termina el bachillerato y no tiene ganas de estudiar nada.
El padre, un tipo de renombre, le dice: “Yo, vagos no mantengo, así que vas a trabajar”, y llama a su amigo Felipillo:
“¿Te acuerdas de mi hijo? Terminó la prepa y no quiere estudiar. ¿Tendrás un puesto como para que empiece a trabajar?. el asunto es que haga algo y no ande de vago”, le dice.
A los tres días, le llama a Feli:
“Ya está, asesor del presidente. Unos 800 mis pesos por mes. Esta bien, ¿no?”
Y el hombre le contesta: “¡No, Felipe!, ¡es una locura! Tiene que comenzar de abajo y con mucho dinero se hace peor…”
A los dos días, de nuevo Feli:
“Ya lo tengo. Le conseguí un cargo de asistente privado de un diputado. El sueldo es más modesto, 450 mil mensuales”.
“¡No, Felipe!, ¡recien terminó la prepa! No quiero que la vida se le haga tan fácil de estrada. Qioer que sienta la necesidad de estudiar, ¿me entiendes?”, le dice el acongojado padre.
Al otro día:
“¡Ahora sí!, director de telecomunicaciones, esta, claro que el sueldo se va muy abajo… serían 150 mil, nada más….”
“Híjole! – responde el preocupado padre-, consígueme algo mucho más modesto, algo de dos mil o tres mil pesos…”
“Hum -dice Feli-, eso es imposible. Esos cargos necesitan currículum, título universitario, haber hecho una maestría o un posgrado en el extranjero…, antecedentes… y experiencia previa. Para esos puestos no califica”…

El financiero (6 de septiembre 2006)
página 13
La Crème de la crème (Eva Makívar)

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